El concierto del grupo murciano repas贸 canciones de toda su trayectoria con un p煤blico volcado desde el primer tema

El 16 de diciembre, el Movistar Arena comenz贸 a llenarse despacio, casi sin darse cuenta, como ocurre con las cosas importantes. A las puertas del recinto, las colas avanzaban con calma, en un ambiente sorprendentemente tranquilo y ordenado. No hab铆a nervios ni prisas, solo conversaci贸n, sonrisas y esa complicidad silenciosa que se reconoce entre quienes saben que est谩n a punto de compartir algo especial. Hab铆a p煤blico de todas las edades, hombres y mujeres por igual, parejas j贸venes, grupos de amigos, padres e hijos. Muchos repet铆an experiencia; otros, no pocos, estaban all铆 por primera vez para ver a Maldita Nerea en directo.

Dentro, a medida que el aforo se iba completando, el ambiente crec铆a poco a poco. No era una expectaci贸n ruidosa, sino una energ铆a contenida, una sensaci贸n de encuentro m谩s que de espect谩culo. Cuando las luces se apagaron, el Movistar Arena ya estaba completamente entregado. Y entonces, sin rodeos ni artificios, comenz贸 el concierto. La noche arranc贸 con “Nunca estar谩s sola”, una elecci贸n cargada de significado. Desde el primer verso, el p煤blico respondi贸 cantando, como si esa promesa compartida fuera tambi茅n un pacto t谩cito entre todos los presentes. Sin pausa, casi enlazada, lleg贸 “¿No pod铆amos ser agua?”, y ah铆 el Arena termin贸 de explotar. La ovaci贸n fue cerrada, larga, sincera. Jorge Ruiz apareci贸 sonriente, agradecido, acompa帽ado de una banda que sonaba compacta y segura, mientras miles de voces se un铆an a la suya en un mismo pulso.

Desde ese momento, las canciones comenzaron a sucederse una tras otra con naturalidad, sin largos discursos ni interrupciones innecesarias. “Cosas que suenan a…”, “Cuando todas las historias se acaban”, “Extraordinario”, “Dos besos despu茅s”… El concierto avanzaba como un relato continuo, con un ritmo pensado para que el p煤blico no dejara de cantar en ning煤n momento. En una de las primeras pausas breves, Jorge explic贸 con claridad su intenci贸n: quer铆a que aquel fuera un concierto en el que se cantaran todas las canciones, sin grandes efectos ni artificios, dejando que la m煤sica y las palabras hicieran su trabajo. Y el p煤blico entendi贸 el mensaje al instante.

El setlist fue un recorrido amplio y generoso por la discograf铆a de Maldita Nerea, mezclando canciones recientes con otras que llevan a帽os acompa帽ando a sus seguidores. En un momento especialmente honesto, Jorge comparti贸 una reflexi贸n con el p煤blico: confes贸 que hab铆a dudado en incluir algunas canciones por miedo a que no todo el mundo las conociera. Hab铆a mucha gente nueva, personas que ve铆an al cantante murciano por primera vez en directo. Entre esas canciones estaban “Por eso”, del disco "El secreto de las tortugas" (2007), y “Madre”, una de las menos conocidas de su 煤ltimo trabajo, publicado en 2023.

Sin embargo, en cuanto sonaron los primeros acordes, cualquier duda se disip贸. El p煤blico las cant贸 con fuerza, con convicci贸n, demostrando que el v铆nculo con Maldita Nerea va m谩s all谩 de los grandes 茅xitos. Fue una prueba clara de fidelidad y de escucha real. “Nosotros tenemos algo peculiar”, dijo entonces Jorge, “y es que escribimos canciones que no todo el mundo entiende, y por eso no tenemos grandes n煤meros”. Lejos de sonar a justificaci贸n, la frase fue recibida como una declaraci贸n de identidad compartida.

A lo largo del concierto hubo varios momentos culminantes que elevaron la emoci贸n colectiva. “Bailarina”, inevitablemente ligada al recuerdo de la Vuelta Ciclista de 2017, fue uno de ellos: el Arena se puso en pie, cantando como si la canci贸n formara parte de una memoria com煤n. Tambi茅n brillaron con fuerza “Perdona si te llamo amor”, “Tu mirada me hace grande” y “En el mundo genial de las cosas que dices”, coreadas con una intensidad que convert铆a un recinto de miles de personas en un espacio 铆ntimo. Pero si algo marc贸 la noche fue la relaci贸n constante de Jorge con su p煤blico. No hablaba desde arriba, hablaba de t煤 a t煤. Saludaba a la pista, a las gradas, a cada rinc贸n del Movistar Arena, preguntaba qui茅n asist铆a por primera vez y explicaba, con complicidad, que las peque帽as tortugas -como llama a sus seguidores- tienen rituales propios. Uno de los m谩s significativos lleg贸 con “No pide tanto, idiota”, una canci贸n de 2014 que se convirti贸 en un momento simb贸lico.

Antes de interpretarla, Jorge reflexion贸 sobre el t贸pico de que los hombres no saben expresar sus sentimientos. Invit贸 primero a ellos a cantar el estribillo, como muestra de que s铆 saben hacerlo. Despu茅s fue el turno de las mujeres. El resultado fue un estadio entero cantando desde la emoci贸n, rompiendo clich茅s y creando un espacio en el que todos, gracias a las palabras del cantante, se reconocieron capaces de expresar lo que sienten sin etiquetas. Otro de los instantes m谩s impactantes lleg贸 cuando Jorge pidi贸 silencio. “¿Alguna vez hab茅is escuchado el Movistar Arena sin ruido?”, pregunt贸. Poco a poco, miles de personas guardaron silencio absoluto. Ni aplausos, ni voces, ni murmullos. Un recinto lleno, completamente callado.

Fue un momento breve, pero profundamente sobrecogedor, que invit贸 a los asistentes a detenerse y ser conscientes de lo que estaban viviendo all铆, juntos. El concierto avanz贸 hacia su final entre canciones como “Estabas conmigo”, “Me pesan las alas”, “Siempre estar茅 ah铆”, “La misma sed” o “Un planeta llamado nosotros”, todas recibidas como piezas de una historia compartida. Antes de marcharse, Jorge agradeci贸 uno por uno a los miembros del equipo de Maldita Nerea su trabajo y esfuerzo. Las luces se apagaron, la banda desapareci贸 del escenario y el p煤blico respondi贸 al un铆sono, pidiendo que volvieran.

Y volvieron. Primero con “Hecho con tus sue帽os”, la canci贸n navide帽a de 2012 vinculada al anuncio de Suchard y a la recaudaci贸n solidaria para el Banco de Alimentos, que llen贸 el Arena de un esp铆ritu c谩lido y colectivo. Y, finalmente, como todo el mundo reclamaba, lleg贸 “El secreto de las tortugas”. El Movistar Arena se vino abajo: saltos, gritos, abrazos, bailes. Un cierre desbordante que removi贸 a todo el mundo. As铆 termin贸 un concierto sin artificios, pero lleno de verdad. Una noche que confirm贸 que Maldita Nerea no necesita grandes n煤meros para crear momentos inmensos. Solo canciones, palabras honestas y un p煤blico dispuesto a cantar cada una de ellas como si formara parte de su propia historia.

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