Sara Blanch: “Me hace ilusión cantar con Netrebko en París, se aprende viendo trabajar a quien admiras”
Sara Blanch (Darmos, la Ribera d'Ebre, 1989) vive el año más dulce de su carrera: esta temporada la soprano catalana debutará nada menos que en la Opéra de Paris con Un ballo in maschera de Verdi, junto a Anna Netrebko, y en el Covent Garden de Londres con La fille du régiment de Donizetti, además de hacer su primera ópera escenificada en Salzburgo (la mozartiana Lucio Silla) y su primer Pelléas et Mélisande de Debussy en la Scala. ¡Quién da más!
Convertida ya en una soprano consolidada, Blanch inicia este 2026 inaugurando el Concurso Viñas este sábado, 10 de enero, en el Saló de Cent del Ayuntamiento. Lo hará con un recital que honra la labor de un certamen en el que ella misma hace diez años resultó premiada en un sinfín de categorías. Aquella era la 53ª edición. La que arranca ahora se enmarca en la programación del Liceu y con ella se bate el récord de inscripciones -712 cantantes de 64 países- por segundo año consecutivo.
Esta temporada supone una bomba detrás de otra para usted.
Sí. Tener un debut importante por temporada ya me parecía que estaba muy bien, pero esta vez la cosa va a mayores. Lo encararé paso a paso. La verdad es que cojo cada proyecto con la máxima energía posible, siempre a full, con toda la ilusión y la concentración posible.
¿En su caso, el de una muchacha criada en un pueblo de cien habitante, esa capacidad de concentración es natural o resultado de una técnica?
Creo que he llegado a un punto en que mentalmente me siento fuerte, porque vocalmente también he ido haciendo un trabajo muy sólido. Siempre hay cosas que puedes mejorar y yo soy muy consciente de ello: ahí donde me siento más floja voy a por todas. En la práctica me pongo a prueba, me siento al límite, de manera que voy buscando recursos y superando estadios.
¿Cómo es su vínculo con el Viñas?
Muy fuerte, porque me cambió realmente la vida. No de manera definitiva: no es que lo ganara y luego ya lo tuviera todo hecho, tuve que seguir picando piedra. Pero me dio grades oportunidades. Es algo que siempre recordaré, supuso un antes y un después. Es un concurso que funciona muy bien, y la gente en la organización te hacen sentir muy cómoda, el trato es muy amable. Es un concurso muy grande, de mucha proyección, pero a la vez mantiene ese alma muy familiar y cercana.
¿Y puede adelantar el programa que cantará en el Saló de Cent?
Abro y cierro con las dos piezas que canté en el concierto final del Viñas, esto es, ambos Barberos: “Una voce poco fa”, de Il barbieri di Siviglia, y “Me llaman la primorosa”, de la zarzuela El barbero de Sevilla. Y en medio, cosas que simbolicen de alguna manera el concurso: algo de catalán (la sardana En el Vallespir, que me gusta mucho), zarzuela (por el premio Zarzuela que me dieron en el Viñas), Mozart y otras piezas que representen mi carrera. Pero sin caer en tópicos, no esperen escuchar “O mio babino caro” o Roméo et Juliette, o en todo caso aparecerán como bises si se da el caso.
¿Sigue acudiendo a Roma para revisar su técnica con la gran Mariella Devia?
Justamente llevaba ya cuatro años viviendo de rentas de sus enseñanzas, pero el pasado octubre volví a Roma para verla. Porque notaba que la voz me estaba cambiando un poco y necesitaba la opinión de una experta.
¿Y cuál fue su consejo?
Adaptarse y entender qué está pasando, porque a veces no hace falta darle tanta importancia al cambio sino observar qué puedes y qué no puedes hacer en la dirección en la que ahora va tu voz. Yo notaba que en la parte central mi voz había cogido más cuerpo. Cuando comencé a cantar, lo que más me costaba de mantener era la línea del canto, que era algo más fina, pero no tenía ningún problema a la hora de subir a los sobreagudos. Ahora en cambio sentía una cierta comodidad en el centro, en la línea y el cantabile. Pero había que ver cómo unía todo eso a la hora de subir a notas superiores, donde la voz se hace más ligera. Había que ver cómo conseguiría que dando más cuerpo en el centro no pesara la voz ni costara más ir hacia arriba. Tenía dudas... ¿hacia donde me llevará este color de voz? ¿estoy haciendo los papeles adecuados?
Es posible que me abra a cantar Traviata o Gilda. Mi laringe no es pequeña y de cara al futuro he de abordar roles más líricos que ligeros”
¿Y la orientó Devia hacia otros roles?
De momento seguiré con los que hago pero abordándolos con más plenitud, porque los mismos los puedes abordar con una voz más ligera o más plena. Y quizás me abriré hacia una Traviata, una Gilda en Rigoletto... Ya veremos porque mi laringe no es pequeña, el espacio es mayor que el de una soprano ligera como yo, y en este sentido el foniatra me ha dado indicaciones para que, de cara al futuro, me decante por roles más líricos que ligeros. Lo importante es que yo reconozca mi voz, me sienta cómoda y haya salud vocal.
En París compartirá dentro de dos semanas escenario con Anna Netrebko en Un ballo in maschera. ¿Cómo vive eso de codearse con los divos?
Me hace ilusión. Porque yo todavía no la conozco y siempre te haces una idea sobre los grandes cantantes a los que admiras y estudias en la distancia. Y poder unir la idea que tú te haces con lo que te luego vives en la realidad, ver como ensayan y se comportan... de eso aprendes mucho. Ya me ha pasado con otros cantantes. Por ejemplo, con John Osborn trabajo muy a gusto, tiene una voz preciosa y una gran técnica, y como persona es muy fácil. He aprendido mucho de él. Y con Juan Diego Flórez pude hacer unos ensayos haciendo yo una sustitución: pasas de ver a la estrella imaginaria a tenerla al lado... También ayuda mucho el hecho de encontrarse con cantantes del mestiere [artesanía] que están entregados a la parte actoral.
Hablando de la parte actoral...en junio regresa al Liceu con otro Mozart, Le nozze di Figaro.
Será divertido. La debuté a Verona, hace un par de años. Este papel de Susanna es un caramelo, muy actoral, para pasarlo bien en escena.
No he buscado que una marca me proporcione vestidos o joyas. Lo que hago es muy profundo y al mismo tiempo mi muy elegante, pero ambas cosas han de ir de la mano”
Los cantantes de ópera son como un mirlo blanco para las marcas de lujo. ¿A usted se el ha acercado alguna casa para establecer una relación comercial?
No, y tampoco lo he buscado. Es una parte que a veces me cuesta. Yo hago algo que para mí es muy profundo y al mismo tiempo mi mundo es muy elegante, y me gusta sentirme a veces así, sentirme guapa como una princesa o una guerrera. Pero sólo si ambas cosas caminan de la mano, y si algo tiene que pasar por delante ha de ser el arte. Yo tengo anillos, joyas que en mi día a día ni me pongo, porque a veces me siento más yo sin llevar nada. Sí que pienso a veces que un collarito de diamantes quedaría muy bien en un momento dado, pero no es necesario.
¿Y si una firma de alta costura le propusiera ser su imagen?
Habría que ver las condiciones, porque te están muy encima en cuanto a la imagen. Ver si eso te permite ser fiel a ti misma como imagen. Si una firma está contigo y te puede facilitar los vestidos para salir a escena, eso es una gran ventaja, no lo negaré.
¿Ahora cómo se proporciona los vestidos de recital?
Pues yendo comprar.
Ja ja ja, ¿sí? ¿No ha pasado a la fase de llamar a una marca para que le preste algo?
No, me da cosa... me voy a buscar los vestidos que me gustan, me los compro y los pago.
Eso de muscular demasiado con las máquinas a veces no va bien para la voz: la vuelve rígida”
¿Y físicamente cómo se prepara para estar a punto?
Hago gimnasia, estiramientos, paseos, buena alimentación, lectura de cosas que te ayuden a estar bien mentalmente, hago respiraciones. Y lo hago según siento que lo necesito, necesito sentirme libre y flexible. Porque a veces si llevas muchos días haciendo gimnasio, hay que para y hacer más estiramientos: la musculación en exceso no le va bien a la voz, se enrigidece. Es irte conociendo, saberte escuchar y encontrar un equilibrio.
La cantante catalana durante su actuación final en la 53ª edición del Concurso Viñas, que le reportó distintos premios hace ya una década
La cantante catalana durante su actuación final en la 53ª edición del Concurso Viñas, que le reportó distintos premios hace ya una décadaToni Bofill
Usted viene desarrollando su carrera más en Italia que en los países germánicos. ¿Tan diferente trabajar en un sitio o en otro?
Bueno, Italia es Italia, es mágica, tiene una naturalidad a la hora de trabajar que creo que hace que todo fluya muy fácilmente. En Austria, por ejemplo, en un día de ensayo que acaba a las 13 h., a las 12.59 h se considera que hay todavía tiempo para repetir. Esto en Italia es impensable eso de aprovechar un minuto. Son hábitos y costumbres distintas.
¿Está viviendo en alguna parte del mundo ahora mismo?
Digamos que tengo dos bases, una en Barcelona y otra en Bologna, donde estoy con mi pareja. Si trabajo más por Italia, regreso a Bologna, y si estoy por España, voy a Barcelona. Pero apenas paro en casa.
¿Echa de menos Barcelona?
Sí. Yo ya estaba adaptada, y echo de menos tener una vida algo más normal, arraigar un poco, pero ya no puedes hacer planes normales, de manera que te construyes una vida allá donde vas. Estas Navidades no ha sido posible pasarlas con la familia, porque las celebran en Darmós, e ir de Erl hasta Múnich, y luego de Barcelona a Darmós era demasiado teniendo un estreno el día 27 de diciembre.
Tanto su padre como su pareja son directores musicales. ¿Le gusta tener cerca esa mirada de 360º que tiene un maestro de orquesta?
Yo me siento muy cómoda pudiendo hablar de música con mi pareja y poder hablar de mis vivencias y que él me entienda, compartiendo la visión que él tiene desde fuera, o yo también le aporto puntos de vista desde el canto. Es muy enriquecedor.
¿Qué le parece este mundo en el que el mensaje es que Europa sólo sobrevivirá si es de ultraderecha?
Lo que me da miedo son las guerras. Sólo querría que la cosa se tranquilice, porque la guerra al final solo trae una energía negativa, y no querría que esa energía acabe ganando y arrastrando todo lo bueno que hemos construido. Lo que quiero es que todo lo bueno, los buenos valores, la música y la cultura se acabe imponiendo por encima de las guerras,los intereses y toda la porquería que pueda haber.
Es redactora de La Vanguardia desde 1989, responsable en los últimos años de las áreas de ópera, danza y música clásica para la sección de Cultura. Anteriormente se especializó en temas de igualdad entre sexos y solidaridad. Ha publicado series sobre la prostitución y la evolución de las costumbres sexuales. Nacida en 1967 en Tortosa, en la comarca del Baix Ebre, es licenciada en Periodismo por la Universitat Autònoma de Barcelona y en fotoperiodismo por el International Center of Photography de Nueva York
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