Se cumplen 100 a帽os del nacimiento de Marilyn Monroe.

De no existir, la habr铆amos inventado. Habr铆amos hecho como los griegos con Helena de Troya, concentrar en su persona toda la belleza. Por ella no se ha armado ninguna guerra, aunque s铆 cierta revoluci贸n, y ambas son igual de m铆ticas a su manera. Este 1 de junio se cumplen cien a帽os de la llegada al mundo de Norma Jeane Mortenson (1926-1962), esa diosa nacida de la espuma del celuloide como Marilyn Monroe y renacida de las aguas del pop. Y se reafirma como siempre, y a la vez como nunca, su inmortalidad, mientras el com煤n de los mortales seguimos siendo devorados por el tiempo. ¿Un siglo ya?

Tal vez la gran paradoja que fue su vida, la del 谩ngel fieramente humano, se evidencie con los movimientos art铆sticos de dos personajes cruciales para entender la segunda mitad del siglo XX, todos sus defectos y todos sus excesos. Por un lado, Andy Warhol la representaba como el gran icono pop, multiplicando su imagen en Ni谩gara (1953) en copias sucesivas, llamadas a satisfacer a la emergente y ya voraz sociedad de consumo. Por otro, Pier Paolo Pasolini le dedicaba un poema, tambi茅n en la hora de su muerte, incluido en su pel铆cula-ensayo La rabbia (1963), donde ten铆a en cuenta su infinita tristeza y subrayaba su dimensi贸n mitol贸gica. Como la pregunta que sustenta el ciclo proustiano de En busca del tiempo perdido: «¿Muerta para siempre? ¿Qui茅n puede decirlo?».

Acaso no se pueda explicar el mundo que vivimos sino a trav茅s de Marilyn. Lo han intentado hacer Joyce Carol Oates o Gloria Steinem. Nos despertamos con la actriz hoy en los labios, pero en realidad ha sido as铆 desde que irrumpi贸 en nuestras vidas, puede que con Eva al desnudo (1950), o con La tentaci贸n vive arriba (1955), o Con faldas a lo loco (1959). Como si siempre hubiese sido su centenario. Ahora que s铆 lo es, los homenajes se suceden y todos quieren descubrir a la verdadera Marilyn. La atormentada, la que se escond铆a detr谩s del tel贸n de sus propios versos y al amparo de la monumental obra de Dostoievski.

La vida de pel铆cula de Marilyn

Marilyn Monroe tuvo el final que le ten铆a reservado el guion de su vida, que fue de cine, mucho m谩s all谩 de sus pel铆culas, y con tintes dickensianos. Infancia de hogar en hogar y un orfanato, madre internada en un manicomio, padre desaparecido, una boda a los 16 a帽os, que termin贸 en divorcio cuando el cine apareci贸 en su vida en 1946, y otras dos bodas con sus respectivos divorcios. De la estrella del b茅isbol Joe DiMaggio, muy celoso y m谩s a煤n tras la famosa escena de la rejilla del metro y el vestido al aire de La tentaci贸n vive arriba. Y del novelista Arthur Miller, cuya relaci贸n le hab铆a valido la consideraci贸n de «favorita de la intelectualidad de izquierdas». Con Miller vivi贸 un embarazo ect贸pico y un aborto espont谩neo.

Adem谩s, unos posados desnuda que se le volv铆an en contra una y otra vez, el sambenito de icono sexual, el t铆tulo de it girl y, finamente, la etiqueta de rubia tonta que rara vez se pudo quitar. Lleg贸 la ansiedad, se cronific贸 el insomnio y todo desemboc贸 en una sobredosis de barbit煤ricos que puso en blanco y negro un temprano 'the end'.

Una exposici贸n en Londres

La National Portrait Gallery, el museo londinense de donde cuelgan los retratos de los grandes personajes de la historia, dedica a la estrella de Hollywood una exposici贸n con el sencillo t铆tulo de Marilyn Monroe: A Portrait. En la muestra, que se inaugura el 4 de junio y permanecer谩 abierta hasta el 6 de septiembre, se despliega una galer铆a de fotograf铆as y pinturas firmadas por algunos de los grandes nombres del arte contempor谩neo. Solo su ant铆tesis, la discreta Audrey Hepburn, como nos contaba recientemente su hijo, Sean Hepburn Ferrer, pod铆a ganarla como artista m谩s fotografiada y quiz谩 tambi茅n m谩s fotog茅nica. De hecho, Truman Capote intervino para que Marilyn fuera la Holly Golightly de la adaptaci贸n cinematogr谩fica de su novela Desayuno con diamantes.

¿Qu茅 vieron en ella los fot贸grafos Richard Avedon, Cecil Beaton, Inge Morath, Eve Arnold o Sam Shaw? ¿Hasta d贸nde pudo ahondar su c谩mara, que ella, como se dice coloquialmente, se com铆a? El itinerario va desde las instant谩neas tomadas en los a帽os cuarenta con una jovenc铆sima Norma jugando con el objetivo a la ingenuidad, al estilo pin-up, hasta las conmovedoras fotograf铆as finales tomadas por George Barris en la playa de Santa M贸nica. Las complementarias obras de los artistas Marlene Dumas, Pauline Boty, Richard Hamilton, James Gill, Rosalyn Drexler, Audrey Flack o el ya nombrado Andy Warhol no vienen sino a profundizar en la mujer-mito a trav茅s del collage, el a todo color, el claroscuro m谩s expresionista o las garras del pop.

Las im谩genes, tan hijas de nuestro tiempo, se ven arropadas en esta exposici贸n, que ha contado con la colaboraci贸n de su familia, por objetos personales que insisten en hacerla real. Guiones, prendas de vestir, libros y cosas varias nos acercan al personaje de carne y hueso que tambi茅n fue, m谩s all谩 del sex symbol que se estiraba y se estiraba y siempre daba de s铆. Adem谩s, claro, de una actriz descomunal, como han querido subrayar desde la Cinemateca Francesa, que le dedica igualmente una gran exposici贸n (hasta el 26 de julio), en la que se recorre su fulgurante carrera.


En la Cin茅math猫que, ubicada en un edificio de Frank Gehry, recuerdan que Marilyn fund贸 su propia productora en 1954, «cansada de los mismos viejos roles sexuales», seg煤n sus palabras, y que se form贸 en el Actors Studio, dirigido por Lee Strasberg, por donde hab铆an pasado James Dean, Marlon Brando o Montgomery Clift. Asimismo, los parisinos nos invitan a descubrir su vestuario, sus variopintos retratos y todas las leyendas que la rodean y la han rodeado.

Marilyn, un icono de Hollywood

A la celebraci贸n del centenario se ha sumado, c贸mo no, el Museo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematogr谩ficas de Los 脕ngeles. Su exposici贸n, abierta hasta el 28 de febrero, lleva como t铆tulo Marilyn Monroe: Hollywood Icon. Y es una reflexi贸n acerca de «c贸mo cre贸 y molde贸 su imagen p煤blica en el contexto del sistema cl谩sico de Hollywood», descartando ya de partida que otros lo hicieran por ella. Tambi茅n aqu铆, en la meca del cine, se presentan carteles, cartas, notas escritas de su pu帽o y letra en los guiones, libros de su biblioteca personal, retratos, fotograf铆as y «material personal poco visto», como contratos, recibos e incluso maquillaje.

Se han propuesto «ofrecer una perspectiva 煤nica sobre su papel protag贸nico en la creaci贸n de un icono de Hollywood». Esto incluye parte del vestuario cinematogr谩fico, como el famoso vestido rosa de su dise帽ador de cabecera, William Travilla, que llev贸 en Los caballeros las prefieren rubias (1953). «Marilyn lo guardaba todo y realmente se aferraba a muchas de sus pertenencias. As铆 que, en realidad, tuvimos bastante para elegir», cuenta la comisaria adjunta de la exposici贸n, Sophia Serrano, a la agencia Efe. Serrano tambi茅n se hace eco de que «era una mujer compleja y le encantaba leer, el arte, el cine, y creo que era una artista realmente creativa».

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